Cuando los cuentos salen de casa


Es alta, muy alta, y a veces saca las patas del tiesto, o te saca los cuernos, o te tiende una mano con guante repleta de culebras, arañas, pavos reales, caracoles, aves extrañas y toda suerte de animales escondidos entre sus dedos.  De la almena de su mandil no sale olor a patatas fritas con huevos, sino quizá una trenza larguísima para engatusar al más inocente. Sabe cómo confundir el rumbo con las palabras, dilatar el tiempo y encender el fuego de un soplo. Pero hay que tener cuidado, porque varias generaciones de niños auténticos han sucumbido a su hechizo.















Gracias, Eugenia Manzanera, por tus cuentos, tu manera de contarlos y porque eres preciosa. Hasta pronto, hasta siempre.