"Vuelo de papel" con Komagata (sesión de tarde)

La sesión de tarde que planteó Katsumi Komagata consistió en escoger una cartulina del color que quisiéramos y, una vez escogida, recortar en ella una forma cualquiera. Después había que pasar  la forma recortada y la cartulina al tallerista de nuestra izquierda, y recibir nosotros, a nuestra vez, la  del tallerista que teníamos a la derecha. Prohibido decir: este no me gusta. Prohibido retocar con las tijeras la forma recortada ni cartulina. Con ese legado tendríamos que construir nuestra historia.
¡Manos a la obra!:

 Quizá con más presión que los compañeros de la mañana, porque en esta sesión trabajábamos codo a codo con tres niñas que sabían muy bien qué querían contar y cómo contarlo. Y con la puerta también candada. 

Almudena Sarri, a partir de una pata de palo muy negra,  describió la historia de un náufrago y todos nos pusimos muy tristes y nos dieron ganas de comer manzanas.

Miranda Coria nos mostró una ciudad llena de gente en las ventanas que observaba desde arriba cómo un niño enseñaba a cruzar por los pasos de cebra

Cristina Castaño nos demostró in situ cómo es posible seguirle el rastro a una jugosa nariz azul para llegar hasta un gatazo enorme de maullido imponente

Lo de Coromoto Gimeno sí que tenía mérito: cómo convertir una cagadita en forma de oreja diminuta horrible y pringosa  en un jugoso y apetecible frutero 

Pilar Barbero, con ademán de chulita, porfió: Buah, pues en mi pueblo somos capaces de llegar a los bigotes de un gato a través de su cabecita hueca

Isabel Castaño no quiso tomar parte en la porfía anterior, y se puso a empollar en la cima de una montaña cinco hermosos huevos de Pajarona negra, mientras el Pajarón llegaba planeando con un gusano en la boca

 
 
Jiã Vacas, que nunca se separa de su Pajarona ni de su monociclo, ideaba la manera de subir a hasta el pico de la montaña montada en él y, de paso, tocar las nubes

       
Encarna Iglesias dijo: ¡Qué pico ni qué pico. Yo he venido aquí a trabajar!, de modo que sacó de su bolsillo aguja y dedal, y en un periquete dejó preciosas las ventanas de La Querida. 

Pero Vicenta Cuéllar sintió que hacía demasiado calor, y entonó una nana tribal para convocar a la lluvia y dejar la tarde más reluciente del mundo

Carmen Muñoz, que desconfía de la eficacia de la nana en cuanto a lluvia se refiere, la ayudó con su varita mágica para nubes individuales, que si no ¿de qué?

Y llovió. Y tras la lluvia, María Riera lavó en el Regato de la leche sus plumas y las tendió al sol

Una vez que se disiparon las nubes, Mariluz Prieto nos advirtió de la suerte que supone encontrarse con el Pájaro Ciscolija, de cuello de cisne, cuerpo de caracol sin cáscara y rabo de lagartija, que habita en los humedales rocosos de los campos de Sayago

A Paz Castaño se la llevaban los demoños porque tenía hambre y alguien le había prometido merendola. De modo que sólo pensaba en tenedores y galletitas de pistachos. Y bien que se le notaba.

Luis Rodríguez, que siempre ha tenido vocación de barbero y no estaba para pistachos, con la tijera en la mano le espetó a una francesa con boina: ¿Cómo desea el afeitado, mazmuasel?

Carmen Martínez estaba convencida de que por La Querida pululan los vampiros, y que era mejor aceptarlo antes de que llegara la noche o no habría galleta de pistacho que nos valiera para librarnos de ellos


Diego Puerta de pronto dijo: Uy, uy, uy, en esta mesa se masca la tragedia, y justo en ese momento chiscó una cerilla 

Miguel de la Iglesia contó después cómo comenzaron a saltar grandes chispas de colores por todas partes y lo difícil que  se hacía respirar en el ambiente enrarecido de esa mesa


Noelia Carioca, entre las llamas, vio huír como del demoño a los patos y otras aves de estanco

Andrea de la Flor nos contó que vio un toro que pastaba entre las flores mientras le plantaba cara al fuego. Dijo que su nombre era Ferdinando



Tomás Hijo aseguró que "todo" desapareció bajo las llamas. Después, con una extraña mueca, murmuraba como una letanía: todo, todo y todo (y yo no sé, pero si yo fuera Komagata no me pondría eso a la altura del cuello en presencia de Tomás)

 
Y cuando los presentimientos comenzaban a agobiarnos, Komagata dijo: Uf, hala, que todo ha sido un sueño. Y despertó a Olga Hernández de su pesadilla.

Todos respiramos aliviados. Y Verónica de la Sierra  se asomó a la ventana y exclamó: ¡Mirad, mirad, una boda de pájaros!

Teresa Corchete fue testigo de cómo los árboles de su huerto florecieron, y regresaron los pajarotos de por la mañana

Y así fue. Y también regresó el agua a la mar para alivio de una ballena que, según nos contó Fernando Saldaña, se había quedado varada en la playa

Sara Iglesias estaba feliz, de modo que aprovechando las olas se fue a hacer regatas con dos compañeros de mesa



Todo volvió a su curso. ¿Todo?, bueno, no. Cuando Cristian Ferrandis vio una ilustración de una boa tragándose a un elefante, fuimos conscientes de que  todo podía suceder de nuevo.

Y así transcurrieron los talleres que Katsumi Komagata dio el día 6 de julio de 2014 en La Querida. Dos talleres magníficos en los que disfrutamos como críos. Ha prometido que volverá. Pero mientras, podemos disfrutar de sus libros gracias a la Librería Miguel Núñez